Siluetas
más estilizadas. Con formas angostas
más cercanas al cuerpo, cortes prolijos,
sastrería y tapados con cinturones o lazos
que dan forma y definición para destacar
la cintura.
Abrigos. Son
una pieza clave. Hay uno para cada estilo de mujer.
Por qué no animarse a distintas formas,
texturas o colores. La condición es que
sean versátiles para poder llevarlos del
día a la noche. Chaquetas cortas con mangas
anchas y algunos frunces. Tapados línea
A, abrigos de cintura caída inspirados
en los años 20 son algunas de las propuestas
actuales. Y aparecen las capas, que en diferentes
largos, pelean por el reinado. Los detalles incluyen
plumas, cuellos grandes, hombros redondeados y
bien definidos. Los géneros incluyen tweed,
paño, franela, velour, brocato y terciopelo.
En cuanto a los colores, además del multipropósito
negro, se suman los grises y azules cobalto y
los vibrantes amarillos, rojos y púrpuras.
Charol. La sensación
“vintage” de este material es difícil
de abandonar. El cuero charolado hizo brillar
las pasarelas en camperas, carteras, bolsos y
elegantes zapatos altísimos.
La Bella Época.
El Romanticismo sigue vigente pero menos opulento,
con bordados, jabot, satenes y encajes sofisticados
para caracterizar a una mujer con clase, discreta
y elegante. Una mezcla de aristocrática
bohemia inspira esta moda glamorosa con estilo
retro.
Los colores.
El gris es el “nuevo negro”. Es un
color equilibrante. Combinando prendas, zapatos
o carteras en sus distintas tonalidades, mezclado
con plateado o con una pincelada de color –para
no sentirse un tanto sombrío-, el gris
es un “must-have “. Los violetas,
púrpuras y morados son también protagonistas
junto con los azules. La unión de los azules
con negro, chocolate y morados ¡funciona!
Como alternativa informal, el fucsia o amarillo
estruendoso golpean la paleta otoñal.
Mix de etnias.
Inspirados en distintas etnias aparecen accesorios,
bordados coloridos y estampados exóticos.
El tributo a la naturaleza se asoma con texturas
puras y naturales. Terciopelos, adornos y ribetes
de lujo completan la globalización de la
moda.
Animal Print.
Cebra, leopardo o anfibio. Cualquiera sea, el
estampado animal es un clásico que se repite
sumándole un toque a las nuevas propuestas
de indumentaria y accesorios. Alerta: usar una
prenda o accesorio a la vez. Tip: Invertir en
marroquinería y calzado de este tipo, es
una apuesta valiosa, ya que son piezas atemporales
y eternas.
Polleras. Las
cinturas altas hacen su reaparición con
fuerza. Se usan las clásicas de línea
recta a la rodilla, las tableadas y las de línea
“A” tipo evaseé.
Brillos deslumbrantes
y cegadores. Se imponen en carteras tipo
sobre, cinturones angostos y en balerinas. Las
remeras con reflejos metalizados, paillettes o
lentejuelas en una variedad de colores, pueden
usarse también de día con una campera
de cuero, para neutralizarlas o debajo de un sweater
de lana contrastando texturas.
Tejidos. Un
placer reservado al otoño es envolverse
en un cálido abrigo tejido. En la mayoría
de las colecciones predominan los sweaters, chalecos
y tapados de lana, de punto grueso, extra grandes,
flojos, cómodos y con cuellos flexibles.
En todas las formas y distintos largos. Todos
combinables en superposición de remeras,
pantalones angostos, minifaldas o leggins. Maníacas
del tejido, agarren sus agujas y sus lanas y comiencen
a crear.
Masculino y formal.
Trajes con pantalones en anchos, versiones con
pinzas y botamanga, chaquetas, corbatas, chalecos,
blusas anudadas al cuello, tiradores y zapatos
abotinados complementan el estilo.
Calzado. Continúan
las plataformas en versiones sutiles y delicadas,
disimuladas debajo del forro del zapato. Los abotinados,
de charol y con punta redondeada, son las estrellas.
Las botas altas siguen vigentes y vuelven las
botinetas al tobillo adornadas con moños
o herrajes y con tacos de diferentes alturas.
Las botas de caña baja son solo para mujeres
que tienen piernas largas, acortan la figura,
especialmente si se usan con polleras.
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